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El Escriba Multimedial

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SIDA !!! ...usted tiene SIDA !!!

En un post anterior publiqué el testimonio de una persona que relataba su terrible procesión cuando fue diagnosticado como "0 positivo". La lectura que él hizo de una gran cantidad de información relacionada con el tema lo llevó a la conclusión de que no existía tal enfermedad. Exámenes posteriores arrojaron que no existía ningún problema en él.
Extraje este artículo que fue publicado por un colaborador de Atina Chile, acerca de las investigaciones y conclusiones del dr. Ryke Geerd Hamer que solo vienen a confirmar un planteamiento médico anterior a las teorías e investigaciones de Pasteur y que las empresas farmacéuticas y algunos médicos han tratado de ocultar. Por la extensión del artículo lo publicaré en dos partes.



MI SALUD NO ES . EL S.I.D.A.
Por el Dr. Ryke Geerd Hamer, Colonia
Prólogo.
La revista científica alemana raum&zeit, de Munich, que desde la verificación de la Ley de Hierro del Cáncer en Viena, en diciembre de 1988, por la gran autoridad de la cancerología austríaca Pr. Jörg Birkmayer, ha publicado varios artículos acerca de los descubrimientos del Doctor Hamer, considerado como uno de los científicos más interesantes de nuestra época, le da dos veces la palabra en su edición de octubre-noviembre 1989 (nº 42).
En un primer artículo, el Doctor Hamer coloca de nuevo al S.I.D.A. dentro del marco de su sistema ontogenético de los microbios, bacterias y virus, y responde a la pregunta ¿Por qué se muere del S.I.D.A.? A este artículo le sigue una discusión científica entre el Dr. Hamer y el decano de la Facultad de Medicina de Düsseldorf, el Profesor Pfitzer, médico y biólogo, que es una autoridad en la R.F.A. en materia de citopatología e histopatología.
Cómo puede matar el diagnóstico de S.I.D.A.
Si existe alguien que desde un principio haya visto en el S.I.D.A. una gigantesca impostura científica, ése es, sin lugar a dudas, el Doctor Hamer. Aunque por razones distintas a las del Doctor Duesberg. Para el Doctor Hamer, toda enfermedad se inicia en el psiquismo. Pero, al igual que el profesor Duesberg, se quedó perplejo ante lo absurdo de los argumentos adelantados por el profesor Gallo en defensa de su hipótesis del S.I.D.A. Tras haber expuesto sus tesis, el Doctor Hamer describe dos casos impresionantes de personas que hasta el momento habían gozado de buena salud, y a quienes se arrastró hasta la antesala de la muerte con el diagnóstico de S.I.D.A. Estas personas tuvieron la suerte de tropezarse con el libro del Doctor Hamer «Fundamento de una Nueva Medicina». Raum&zeit ha informado en diversas ocasiones acerca del Doctor Hamer, en quien vemos uno de los más interesantes científicos de nuestra época, en:
«Los Focos de Hamer», raum&zeit nº 36, publicado de nuevo;
«Escándalo científico acerca de los Focos de Hamer» raum&zeit nº 40, y
«Sólo los peces muertos se dejan llevar por la corriente», también aparecido en raum&zeit nº 40.
He aquí la exposición que hace el Doctor Hamer acerca del S.I.D.A.:
Las últimas ediciones de la revista científica raum&zeit han presentado a los lectores suficiente cantidad de documentos y hechos. Que me dispensan de repetir ahora esos conocimientos introductorios, y me permiten entrar de lleno en materia.
En 1987, cuando la campaña de pánico del S.I.D.A., perfectamente orquestada, se hallaba en pleno apogeo, yo escribía en el libro Fundamentos de una Nueva Medicina que el S.I.D.A. era la mayor estafa del siglo. Y lo hacía por varias razones... siendo la más importante de ellas el descubrimiento de la Ley de Hierro del Cáncer, es decir, la correlación sistemática entre enfermedad física y causa psico-cerebral. El principal argumento contra las teorías que afirman que el S.I.D.A. es una enfermedad autónoma se basa en el sistema ontogenético de los tumores y el sistema ontogenético de los microbios (hongos, bacterias o virus) que se deduce de ello.
Hagamos una breve recapitulación:
Tal como han demostrado mis investigaciones empíricas, llevadas actualmente sobre más de once mil pacientes, es absolutamente inconcebible que un virus pernicioso, cuyo objetivo es, por así decir, la destrucción de las defensas del organismo, pueda actuar independientemente de los procesos psíquicos y cerebrales, casi «in vitro».
La Ley de Hierro del Cáncer enuncia que toda enfermedad -y no ya únicamente el cáncer- es desencadenada por un S.D.H. (Síndrome Dirk Hamer). Es decir, por un choque conflictual biológico muy específico que, de forma instantánea, impacta simultáneamente en el cerebro y en el organismo creando un Foco de Hamer, visible en el escáner, en el centro de control cerebral que representa al órgano afectado, y creando alteraciones, tumores, etc. en el órgano correspondiente.
El sistema ontogenético de los tumores descubierto por mí en 1987, ordena todas las enfermedades cancerosas y equivalentes en función de la capa embrionaria (endodermo, mesoderno, ectodermo) de la cual provienen, y que se forma en las primeras semanas del desarrollo del embrión.
Por razones ontogenéticas, a cada una de estas capas embrionarias le corresponde una zona específica del cerebro, un cierto tipo de temática conflictual así como una estructura histológica bien definida.
El sistema ontogenético de los microbios los clasifica en función de las tres capas embrionarias, de lo que se deduce:
que los microbios arcaicos, es decir, los hongos y las micobacterias, son de incumbencia del endodermo y, hasta un cierto punto, del mesodermo cerebeloso, pero únicamente en todo caso en lo que concierne a los órganos gobernados por el tronco cerebral (bulbo raquídeo, puente, mesencéfalo y cerebelo).
que todos los microbios viejos, a saber, las bacterias, son de incumbencia del mesodermo y de todos los órganos que lo constituyen, y
que los microbios jóvenes, a saber, los virus, que para hablar con propiedad no son microbios verdaderos, es decir, seres vivos-, son competencia exclusiva del ectodermo, para los órganos gobernados por el córtex cerebral propiamente dicho.
Endodermo Foco de Hamer en el tronco cerebral
Cáncer adenomatoso (tumor: proliferación de tejido)
Mesodermo a) Foco de Hamer en el cerebelo
Cáncer compacto (tumor: proliferación de tejido)
b) Foco de Hamer en la médula cerebral
Cáncer necrótico (tumor: destrucción de tejido)
Ectodermo Foco de Hamer en el córtex cerebral
Cáncer ulceroso epitelial (tumor: destrucción de tejido)
En este contexto competente significa que cada grupo de microbios no trata más que con grupos determinados de órganos, derivados de una misma capa embrionaria. La única excepción a esta regla es la zona limítrofe de los órganos mesodérmicos gobernados por el cerebelo, que son tratados tanto por hongos parásitos y micobacterias (principalmente) como por las bacterias (en menor grado), que normalmente son competencia de los órganos de la capa embrionaria media (mesodermo) gobernados por la médula cerebral.
El momento a partir del cual los microbios pueden trabajar no es, como erróneamente lo habíamos creído hasta ahora, función de factores externos sino más bien algo determinado por el ordenador que es nuestro cerebro.
Y a la vez que para los microbios el «objeto a tratar» no es fortuito sino exactamente determinado por la historia del desarrollo embrionario para cada grupo de microbios (exceptuando el cabalgamiento observado anteriormente), el momento en que los barrenderos reciben la autorización para entrar en faena no es fortuito sino determinado con precisión, en función del sistema ontogenético, por el ordenador que es nuestro cerebro: se trata siempre del inicio de la fase de solución del conflicto, es decir, de la fase de curación.
Los microbios, a los que siempre habíamos tomado como a malvados enemigos, ejército de adversarios temibles intentando aplastarnos, y a los que en consecuencia era preciso eliminar a cualquier costo, se descubren ahora como nuestros mejores amigos, valiosos auxiliares, barrenderos y restauradores bienhechores de nuestro organismo. Sólo empiezan a trabajar cuando nuestro organismo les da la orden concreta, desde el cerebro. Y esta orden siempre les es notificado por el cerebro en el momento justo en el que se inicia la fase de curación, cuando el organismo, pasando de la inervación simpática a la inervación parasimpática, entra en una fase de vagotonía (curación) permanente.
El carácter bifásico de las enfermedades.
Hasta ahora la medicina moderna imaginaba conocer un millar de enfermedades, repartidas más o menos mitad y mitad entre enfermedades frías, como el cáncer o por ejemplo la angina de pecho, la esclerosis de placas, la insuficiencia renal, la diabetes, etc., y enfermedades calientes, como por ejemplo el reumatismo articular, la glomérulo-nefritis, la leucemia, el infarto de miocardio, las enfermedades infecciosas, etc. En las enfermedades frías, los microbios nos aparecían siempre como apatógenos, es decir, desactivados, en tanto que los encontrábamos en plena virulencia en las enfermedades calientes, con lo que imaginábamos siempre que ellos invadían o atacaban un órgano.
Pensábamos pues que era necesario mobilizar a cualquier precio la armada defensiva de nuestro organismo, reforzar el sistema inmunitario contra la armada temible de los invasores, contra los microbios o contra las células cancerosas que buscaban destruirnos. Era una idea completamente falsa.¡Debemos empezar nuestra Nueva Medicina por el principio, desde cero!.
En el esquema fundamental que sigue, toda enfermedad comporta dos fases:
Primera fase. La fase de conflicto activo con simpaticotonía duradera. Al inicio de esta fase de simpaticotonía duradera siempre existe un Síndrome Dirk Hamer. Antes estas primeras fases eran consideradas como enfermedades frías, autónomas, cosa que no eran. A pesar de que durante esta fase simpaticotónica se considera deficiente al sistema inmunitario, en ella no encontrábamos actividad microbiana, es decir, que los microbios eran considerados apatógenos, y por tanto inofensivos.
Segunda fase. La fase de conflicto resuelto con vagotonía duradera. Al principio de esta fase de vagotonía duradera siempre está la solución del conflicto. Antes estas segundas fases eran siempre consideradas como enfermedades calientes autónomas, cosa que no eran. Aunque durante esta segunda fase el sistema inmunitario pareciese funcionar a pleno rendimiento (fiebre, leucocitosis, etc.), los microbios no se sentían en absoluto incomodados y continuaban alegremente montando su juerga. Los mismos microbios a los que antes se había clasificado como apatógenos se convertían de repente en patógenos o extremadamente virulentos, es decir, microbios de naturaleza maligna.
En realidad, las enfermedades de una sola fase no existen. Sencillamente se había olvidado -o no habíamos tenido en cuenta- la cuestión complementaria. He aquí por qué nuestra medicina al completo era totalmente falsa. La Nueva Medicina no reconoce más que enfermedades con dos fases, a saber, una primera fase (fría) y una segunda fase (caliente). Este esquema fundamental es válido para las tres capas embrionarias, y para las enfermedades de los órganos derivados de éstos (Ver esquema).
Esta concepción tiene una inestimable ventaja por encima de la medicina clásica: la Nueva Medicina se puede demostrar sin fallos y reproducir rigurosamente en el triple nivel psíquico, cerebral y orgánico. En una palabra: es precisa, exacta por sí misma. No necesita hipótesis de apoyo como la medicina anticuada, que no podía dar un paso sin estas muletas y sin las cuales hace tiempo que habría sido ya desenmascarada. Por ejemplo, las hipótesis relativas a las células cancerosas malignas que circulan en la sangre arterial. A pesar de que nadie haya podido observarlas jamás, se considera que se diseminan por vía arterial hacia otros órganos para fundar nuevas colonias, tumores-hijo, -denominados metástasis-, de un cáncer preexistente, metamorfoseándose en pleno camino y conociendo pertinentemente qué tipo de metamorfosis debían efectuar. Por el contrario, la Nueva Medicina obtiene su lógica de sí misma, prueba las cosas y obtiene conclusiones sin necesidad de hipótesis de apoyo, prohibidas en nombre de la probidad y seriedad científica. Imaginémonos a los microbios como a obreros de tres clases:
Los que tienen por misión retirar los desperdicios (basureros). Por ejemplo, el mycobacterium tuberculosis, que descompone los tumores intestinales (de la capa embrionaria interna, el endodermo) durante la fase de curación.
Los que actúan como niveladores de terreno, encargados de cubrir los cráteres, por ejemplo, los virus, cuya misión consiste en rellenar las pérdidas de sustancia producidas en un tejido por las ulceraciones. Sólo podemos encontrar úlceras y virus durante la fase de curación, y eso únicamente en los órganos de la capa embrionaria exterior (ectodermo), gobernada por el córtex cerebral.
Las bacterias, que tratan únicamente con órganos deteriorados (necrosados, osteolisados) de la capa embrionaria media (mesodermo), y tan solo durante la fase de curación consecutiva a la solución del conflicto. Podrían ser comparadas a bulldozeres que quitan los escombros para que se pueda construir una nueva casa, es decir, para que el organismo pueda reconstruirse sobre una base sólida.
Así pues, nuestro organismo hace un llamamiento a sus amigos los microbios para reparar, es decir, para desescombrar, rellenar o nivelar los tumores, necrosis o úlceras que se han producido durante la fase conflictual activa. Algo parecido a la revisión técnica de puesta a punto que se aconseja a los automovilistas.
¿Qué queda del sistema inmunitario?.
Sólo los hechos, con exclusión de supuesto sistema. En efecto, el sistema inmunitario, tal como se concebía hasta ahora ¡no existe! Naturalmente, lo que existen son las sero-reacciones, las variaciones de la fórmula hematológica, las modificaciones de la hematopoyesis, etc. Pero, si los microbios no fueran ya un ejército de enemigos, sino un ejército de aliados, controlados y dirigidos sistemáticamente por el organismo en tanto que simbiotas, ¿qué nos quedaría del supuesto sistema inmunitario? ¿Un ejército de células mortales, de células devoradoras, de linfocitos T, etc. apoyada por un escuadrón de sero-reacciones? El sistema inmunitario, en el sentido que se le ha querido dar hasta ahora, ¡simplemente no ha existido jamás!.
Pero entonces, ¿qué papel juega el S.I.D.A. en todo esto?.

Nos vemos pronto con la parte II.

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Comentarios

  1. son unos pelotufos estuve media hora leyendo esto para NO encontrar lo q yo qria.voy a pedirles algo.si quieren publicar un texto inmenzo sobre el sida,publiquenlo bajo l titulo SIDA y no bajo l titulo d enfermedades autonomas

    Comentario de q carajo t importa hace 2 meses y 15 dias

  2. Gracias por tu visita y espero que encuentres la respuesta a lo que buscas.

    Comentario de Gerardo hace 2 meses y 15 dias


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