Hagase tu voluntad y no la mía.
Gerardo González García - 12-01-2006 15:39:15 | Categoria: Personal
Fue lo que me dije hace algunos instantes, previos a ingresar a un comparendo en los tribunales del trabajo en una demanda que interpuse contra un colegio religoso en el cual me desempeñé.
Existen situaciones en la vida que te hacen dudar no de la existencia de Dios, pero sí de su justicia o de sus obras, sobre todo cuando estos hechos son provocados por personas que se dicen portadores de la verdad o de la fé por el solo hecho de llevar un hábito o una actitud de aparente respeto frente a la religión o ideología que profesan. La decepción que provoca en cualquier persona que espera una actitud consecuente con lo que se predica, es inevitable y yo lo viví en cuerpo y alma, sobre todo cuando uno sabe que ha obrado de la mejor forma posible y transparente. Pero más allá de como la otra parte ha actuado, me interesa como esta situación ha actuado en mí.
En un principio mi actitud fue echarme a un lado, molesto con Dios por sentir que me abandonaba, pero también esta situación de quiebre me obligó a tornar mis ojos hacia adentro y evaluar, quien soy, quien creo ser, que ven los demás en mí y que quiero ser. Desde ese momento mi vida comienza a cambiar, no en lo externo, no en lo material que en esa instancia es una verdadera debacle económica y de aflicción por el devenir. Empieza uno a darse cuenta y tomar el peso de lo que es el aquí y el ahora, el momento presente, esa dimensión que no es mensurable, no se recuerda ni se anhela, es y lo vivimos inevitablemente. Se despierta entonces la necesidad de un cambio y los engranajes de esta máquina comienzan a moverse, a rectificar cada pieza y a recordar que uno es todo, no miembros, no espíritu y cerebro, no sexualidad y corazón por separado, soy un todo y un todo que si bien soy un individuo soy parte de otras personas, de Emilia, de Constanza, no como una propiedad, eso no es fácil de entender, pero lo más difícil es conservar este hecho. Si no estamos en armonía en nuestro interior, tampoco lo estamos en lo externo, más allá del quererlo lo que se necesita es voluntad para asimilarlo. Asimilarme yo como parte también de un todo aún mayor, cosmológico y para eso hay que desprenderse necesariamente del ego, que nos seduce, este mal que nos hace pensar que hacemos las cosas bien, pero que en realidad nuestro actos son solo de conveniencia personal y que todo lo malo que nos sucede es provocado por los que me quieren dañar. Es cierto, en la vida muchas personas nos quieren dañar, nos humillan, nos desacreditan, nos roban, buscan nuestra desgracia, pero solo lo pueden hacer cuando somos vulnerables, cuando nos creemos todopoderosos, es ahí cuando nos empobrecemos, nos sentimos vencidos, nos deprimimos, hacemos enfermedades, en cambio cuando nuestra actitud es humilde porque lo asumimos así, nada nos traspasa, solo la energía divina puede estar en nosotros. En lo que me concierne, solo estoy en el primer peldaño de esta escala, pero lo importante es estar conciente de esto y no olvidarlo, ya sea porque las condiciones externas cambien, porque las oportunidades laborales mejoren, porque los problemas económicos se disuelvan. Es por eso que mientras pasa la vida nunca debo olvidar repetir esta oración: Hagase tu voluntad y no la mía.
Nos vemos pronto.
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