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El Escriba Multimedial

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Justicia

Según algunos criminólogos la tasa de crímenes y suicidios aumenta considerablemente en estas fechas, el estar en contacto con situaciones emotivas y de estrés ocasiona conductas agresivas en algunas personas que pueden derivar en hechos dantescos.




Sin duda ayer fue un día de noticias horrendas, una serie de acontecimientos en distintas partes del país y sobre todo en Santiago plagaron la crónica roja, la peor de todas o que causó más impacto a la ciudadanía, fue el caso del sociólogo que en un ataque de furia lanzó a su hija de tan solo 6 años – la edad de mi hija – desde un octavo piso, después de cortar la cara de la madre con una botella. Después que el hombre fue reducido por la policía los vecinos se abalanzaron contra él para hacer justicia, sin lograr el objetivo.
Es probable que el tipo después diga a sus interrogadores que no recuerda nada, que algo lo nubló, que está con depresión o que sé yo.
Cuando trabajé en la cárcel, realizando talleres de pintura y cerámica, conocí infinidad de casos de los más escabrosos de hombres con los que conversaba muchas veces e incluso estrechaba sus manos, no me gustaba saber porque estaban ahí, jamás les preguntaba, era una forma de protegerme en cierto modo y de evitar prejuicios, en todo caso el capellán evangélico, Ricardo, colega y amigo siempre me perseguía para contarme porque estaba ese o aquel. Muchas veces no me cuadraba la personalidad del recluso con el acto cometido, parricidios, violaciones a sus hijos, historias que te retorcían el estómago, ninguno reconocía recordar el hecho. Para muchos, estas personas son bestias que no deben existir y que deberían ser sacrificadas como a perros rabiosos, que se debería deponer la pena de muerte y no seguir gastando recursos del estado en mantenerlos. Yo en lo personal no apruebo esa pena capital, pero más me convencí cuando trabajé en ese recinto. Creo que no existe peor castigo para un ser humano que estar privado de libertad, pero estar preso en una cárcel, no en el domicilio particular. Cuando entras ahí, que no debe ser distinto a otros penales de Chile, de América Latina o de otros países del tercer mundo, empiezas a conocer el infierno, de partida cuando entras a esos húmedos pasillos en donde corre permanentemente agua de dudoso aspecto, en que te envuelve un hedor indescriptible, en que todo es penumbra y ruidos secos, de verdad te das cuenta que estás en el infierno. Para mí obviamente es menos impresionante que para un prisionero, para mí en ese entonces no existían puertas ni barrotes ni allanamientos ni golpes, para ellos sí, hacinados, sucios, expuestos a lo inimaginable. Encontré insectos que solo se parecían a otros observados en cementerios, a la escuela en que trabajaba- Camino de Luz – llegaban algunos condenados con sus televisores para arreglarlos ya que habían sido dañados por la acción de baratas, las que se alimentaban de los cables plásticos, algunos no podían dormir en los camastros porque no tenían lugar o eran desalojados por los propios presos, debían dormir en los baños y eran despertados por los paseos de las ratas que emergían de los inodoros. Vi en este lugar a jóvenes llorar de arrepentimiento al conocer su sentencia o de impotencia cuando era rechazada su petición de libertad y estoy hablando de reos que realmente habían tenido un cambio radical en sus vidas, que se merecían una oportunidad, los vi enloquecer, perder la razón, entonces ahí empezaba yo a entender lo que es el dolor de un hombre realmente reformado, pero que debía seguir pagando. ¿Injusto? De verdad no sé, simplemente creo que el arrepentimiento verdadero debe partir el alma, solo así el hombre o mujer se asume como tal, mensura realmente el porque está ahí y valora más lo que significa la libertad, no solo como un estado, también como un compromiso. Por todo esto que expongo, insisto que el mejor lugar para cumplir una sentencia por crímenes es un recinto penitenciario y no la muerte. Como también he expuesto anteriormente en otras reflexiones, debe existir paralelamente un trabajo rehabilitador de las autoridades para que estas personas si salen en libertad puedan adaptarse realmente en nuestra sociedad.
Nos vemos pronto.
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