Delincuencia y rehabilitación:
Gerardo González García - 27-10-2005 21:33:41 | Categoria: Sociedad y actualidad
En este último tiempo han acaecido una serie de hechos que han puesto al país y más específicamente a la ciudad de Santiago, en alerta frente a un creciente índice de delincuencia. Gran parte de estos actos han dado bastante que hablar ya que se han visto involucrados muchos menores de edad de ambos sexos, los que no actúan solo con audacia; sino que también con mucha violencia, lo que ha ocasionado muchas muertes tanto de víctimas como de victimarios.
El Gobierno, el Poder Judicial y diversos lideres políticos han propuesto rebajar la “edad de discernimiento” a catorce años, por lo que si un niño se ve involucrado en estos actos se arriesga a penas de presidio de hasta diez años. Esta ley se encuentra a punto de ser aprobada. Recientemente la UNICEF realizó un reclamo formal contra el estado chileno por considerar esta medida atentatoria contra los Derechos del Niño.
Como nos encontramos en periodo preelectoral, el tema delictual obviamente está en la palestra de todos los debates y en la agenda de todos los candidatos, tanto oficialistas y en mayor porcentaje la oposición de derecha quienes culpan al actual mandatario, don Ricardo Lagos de tener mano blanda e insisten que esta situación se agrava desde que el primer gobierno de la Concertación - coalición que gobierna desde el término de la dictadura - del que fuera Presidente don Patricio Alwin, aboliera la pena de muerte.
Algunos opositores ven necesario aumentar la dotación de carabineros - policías uniformados- en las calles y construir más recintos penitenciarios. Ha llegado a tal punto esta situación que el candidato de la extrema derecha, ha planteado que si un sujeto delinque por tercera vez se le debe aplicar cadena perpetua – independiente del delito cometido – sin beneficios. Agrega además que se debe contemplar la construcción de una cárcel en una isla, tipo “Alcatraz”.
Las cárceles chilenas son cárceles, solo eso. No existe dentro de la mayoría de estas construcciones espacios adecuados para la rehabilitación y menos la integración o reinserción social. Creo necesario aclarar que sí creo en la rehabilitación, que un hombre puede mirarse su cara, arrepentirse de lo que haya hecho, pedir perdón y cambiar su vida. Yo trabajé con personas privadas de libertad, con distintos delitos que iban desde el narcotráfico, hurto, crimen y violación entre otros, la mayoría de ellos se criaron en la calle, prácticamente no han tenido instrucción escolar básica y por consiguiente un buen porcentaje de ellos es analfabeto. Es por esto que sé lo que digo. La institución encargada de la seguridad de estos recintos – Gendarmería de Chile – no cuenta con los recursos ni con la capacitación adecuada para atender a los reclusos, su formación de tipo militar se evidencia en el uso de la fuerza, el maltrato físico e inclusive la vejación de los derechos de los prisioneros, aparte de eso son pocos los recintos carcelarios que cuentan con espacios adecuados para generar un cambio en estas personas, tales como escuelas, talleres, centros productivos que permitan al interno aprender o desarrollar un oficio productivo, nivelar estudios y salir de prisión al menos con conocimientos técnicos que le permitan valerse por sí mismos, por consiguiente de salir en libertad sigue haciendo lo único que sabe hacer, delinquir.
Si a todo esto ya descrito le agregamos, hacinamiento, falta de higiene, humedad, hedor, ratas y cucarachas o sea el Infierno en la Tierra, no podemos esperar que estas personas salgan rehabilitadas, a lo más son sobrevivientes, en pocas palabras, “no podemos pedir peras al olmo”.
Esta gente necesita ver otro mundo, otra alternativa, la cárcel solo los hace más duros, más brutos, más insensibles, más malvados. Una persona que está privada de libertad debe recibir ayuda real, terapias que le hagan recapacitar, ganar autoestima, superar la frustración y canalizar la rabia en forma adecuada, recibir herramientas para vivir en comunidad con apoyo de tutores tales como ex – presidiarios rehabilitados o personas de bien. Creo que solo así se puede lograr una transformación, reforzando este trabajo al interior a través de programas de inserción laboral fuera de los centros correccionales. Existen iniciativas en este sentido, pero son mínimas frente a una creciente población penal.
Es muy seguro que más de alguien que lee lo que escribo pensará que esto es inútil, que un preso no se rehabilita, “que árbol que crece torcido, no se endereza”, pero yo no hablo de árboles, hablo de personas y por que creo que en cada uno de ellos, en algún lugar de su corazón hay un niño, que llora porque tiene hambre y frío, porque fue abandonado, porque tiene miedo.
Para cerrar, creo que el problema no es la delincuencia, este es solo el resultado de un problema mayor y más profundo, responsabilizo al modelo económico imperante que está creando brechas aún más grandes en nuestra sociedad, modelo que fomenta el egoísmo, que separa a fuertes de débiles, a ganadores de perdedores, a ricos de pobres.
Nos vemos pronto.
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